Nuestro entorno
Aller es un lugar de cumbres, de bosques, de berrea, de agua, de esquí, de ciclismo, de pastoreo y carbón. Así es Aller, hoy y siempre.
Los habitantes de Aller vieron entrar a los romanos por la vía Carisa, pero no les resultó extraño porque su cultura siempre ha sido la de territorio limítrofe, vasto territorio limítrofe que ha vivido durante siglos de la agricultura y el pastoreo, y que ha visto como sus montes y bosques eran un paraíso para la caza.
En la Edad Moderna, la revolución llegó de la mano del carbón que circunda las entrañas alleranas, y hoy Aller es tierra de berrea – fenómeno referido al período de celo de los venados que emiten fuertes sonidos para conquistar a las hembras -, referencia del ciclismo internacional con puertos míticos en la historia de la Vuelta a España como el de Coto Bello y meca de los amantes del deportes blanco en la estación de esquí Fuentes de Invierno, una de las más bellas del norte de España.
Uno de los territorios emblemáticos de la Montaña Central asturiana desde siempre, Aller tiene decenas de rutas para hacer a pie, en bici – como el Anillo Ciclista -, a caballo…o en coche, decenas de pequeños rincones donde se descubre un valle, un río, una montaña, una vista panorámica, una ermita, un castillete de mina, una casa de comida tradicional o una antigua vía romana.
En Santibanes de Murias, nuestra aldea, los paisajes rurales se vuelven pintorescos y frondosos, y su proximidad a la famosa cascada de Xurbeo los convierte en meca de senderistas en busca de esta joya natural.
está considerada uno de los saltos naturales de agua más guapos de toda Asturias. Recogida en un pequeño rincón, ubicado en la ladera del valle excavado por el río Negro, el camino hasta Xurbeo es una sucesión de mantos verdes, de densa frondosidad, solo rota con la presencia del pueblo de Murias, con sus huertos familiares y sus casas escalonadas en la ladera de la montaña. Xurbeo es alta y poderosa, con pequeños saltos laterales que la ensanchan. Es abierta y sus aguas cristalinas relucen sobre la piedra oscura.
Si algún lugar puede presumir de foces en Asturias, ese es Aller, porque en este municipio se encuentran dos de las más afamadas foces del Principado: las foces del río Aller y las foces del Pino.
El río Aller, que nace en el puerto de Vegarada, genera un desfiladero impresionante en las laderas del pico La Panda y la Sierra del Campanal. Debido principalmente a la erosión kárstica de sus aguas, que en la angosta garganta dibujan cascadas y torrenteras. Un paisaje, sin duda, de singular belleza.
Por su parte, las llamadas foces de El Pino, que forman parte de la conocida ruta senderista denominada Foces de El Pino y de Ruayer, conforman un desfiladero de casi un kilómetro, con impresionantes paredes rocosas verticales que el río Valmartín fue erosionando durante millones de años. Y el nombre de Foces de El Pino se lo deben a la cercana localidad llamada El Pino.
El espléndido mirador de Coto Bello es uno de esos lugares para que caigas en la cuenta de que estás en una tierra de cumbres y bosques, de cordales eternos, de caza y berrea, de tránsito hacia la Meseta y viceversa, de pastoreo y carbón, y de esfuerzo ciclista.
Desde Corigos, y tras 10 kilómetros de subida por carretera (la que llevaba a la antigua explotación minera que hubo allí), llegarás a este maravilloso mirador, que es parada obligada.
Estarás ubicado a 1.128 metros de alttiud, entre la sierra de Conforcos y el cordal de Murias y Santibanes, en un balcón natural que ofrece excepcionales vistas de la cordillera Cantábrica y del valle de Aller.
Con la ventaja, además, de que desde allí puedes disfrutar de estupendas rutas de senderismo y BTT.
Y para la contemplación de tan bellos paisajes, el ayuntamiento de Aller pone en marcha un tren turístico durante la época estival.
Aller es desde siempre un territorio minero y un claro ejemplo es el pozo San Fernando, vinculado a los albores de la primera revolución industrial en Asturias y a uno de sus impulsores: el ingeniero y empresario José Tartiere Lenegre, creador de la Sociedad Industrial Asturiana Santa Bárbara.
Con el paso del tiempo la SIA profundiza en 1950 el pozo San Fernando, cerca de Uriés. Este pozo es diferente a los demás: se trata de un pozo balanza con un sistema de evacuación del carbón distinto al de los pozos verticales, y que se adoptó debido a su ubicación en la mitad de una ladera. De esta manera el mineral salía por el socavón de San Fernando que, con casi dos kilómetros de longitud, estaba ubicado en el fondo del valle.
Aunque la actividad minera en el pozo San Fernando cesó en 1967, a día de hoy se conservan, en un entorno de gran belleza, el castillete de acero roblonado y 15 metros de altura, el edificio de la casa de máquinas y el socavón de San Fernando. Un conjunto digno de ver y admirar.
Además, en los meses de verano, el propio ayuntamiento de Aller organiza visitas guiadas y rutas teatralizadas para contarte esta prodigiosa historia.
La ascensión a Peña Mea es mucho más que una ruta de senderismo, por lo emblemático de esta cumbre de más de mil quinientos metros de altitud, que es frontera y unión, a un tiempo, de los concejos de Aller y Laviana.
Por la parte allerana, la ruta comienza en el Barrocima, situado a menos de quinientos metros por encima de Peḷḷuno, justo al lado de la iglesia parroquial de Santa María La Real, de estilo barroco (ss. XVII-XVIII).
Desde este punto, siguiendo las indicaciones del PR-AS 262, la ruta va pista hacia arriba hasta llegar a La Coḷḷá de Peḷḷuno. A partir de aquí, comenzarás a caminar por uin camino estrecho, con pendiente y dificultad elevada, hasta llegar por fin, al famoso “güeyu” (ojo) de Peña Mea, una espectacular oquedad que se abre en mitad de la poderosa roca, y que cuando los rayos del sol la atraviesan, produce singulares efectos ópticos… y de allí a la cumbre.
La ermita por excelencia de Aller es Nuestra Señora de Miravallles, en la parroquia de Soto. Es un templo del siglo XVIII emplazado en un precioso valle. La aparición de la Virgen coronada con el Niño, impulsó la construcción de una capilla dedicada a ella que fue diseñada por Francisco de la Riba.
Es un edificio de nave única en cuyo interior se venera la imagen gótica en piedra de la Virgen de Miravalles (s. XIV y XV), patrona de Aller. Posee un retablo del escultor asturiano José de la Meana.
La imagen policromada de la virgen pertenece a la estética medieval, en la que destacan los pliegues, de bastante plasticidad y los rasgos humanizados en su rostro en el que predomina un sentimentalismo maternal.
Es este un lugar de devoción religiosa y civil donde todos los años el 8 de septiembre se celebra la fiesta de la Virgen de Miravalles. Además fue un lugar históricos, escenario del levantamiento de los alleranos contra las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia en 1808.
Dicen en Aller, mitad historia mitad leyenda, que Alfonso VII y doña Gontrodo «cortejaban» en la torre de Soto. Los hay que van más allá y aseguran que, en una de sus estancias, fue concebida doña Urraca, la primera reina de Asturias.
Durante décadas, la torre se levantó inmensa sobre la localidad de Soto. Forma parte, incluso, del escudo de Aller. Y durante años fue la «estrella» de las visitas guiadas durante el verano en el concejo.
Arruinado, se conserva la mayoría de la muralla, parte de una gran torre cuadrangular y la puerta de entrada. Aunque fue edificado en el siglo XII, los actuales restos corresponden a los siglos XIV y XV.
De planta cuadrada, se encuentra cimentada sobre roca y fabricada utilizando mampostería para los gruesos muros y sillería en las esquinas. Cada lienzo se remataba con almenas cuadradas terminadas en punta. La torre ha sufrido diversas reconstrucciones siendo la última en el siglo pasado derrumbándose posteriormente. La casa que se sitúa ante su fachada fue probablemente construida en el siglo XVI.
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